La humildad, fuente de alegría

A menudo se confunde la humildad con una actitud triste, gris o resignada, pero la realidad es exactamente la contraria: el orgullo es el que nos hace vivir amargados, eternamente insatisfechos y defensivos. Como decía con agudeza Gilbert Keith Chesterton, «el hombre que tiene miedo de caer es el que siempre ríe: tiene el secreto del gozo porque tiene el secreto de la pequeñez». En la vida del adulto cristiano, la humildad es la madre de la verdadera alegría porque nos libera del peso insoportable de tener que ser perfectos ante el mundo, permitiéndonos disfrutar de la vida con la sencillez y la paz de un niño en brazos de su padre.


Algunas Ideas Clave


Propuesta práctica: "La Sonrisa de la Pequeñez"

Para que la humildad deje de ser una idea abstracta y se convierta en la fuente de tu buen humor y de tu paz interior, te propongo entrenarte esta semana en el ejercicio de La alegría escondida.

La Alegría Escondida

Durante estos siete días, cultiva la sencillez de corazón que genera paz y buen humor a través de estos tres concretos vencimientos:

  • Acoger la contrariedad con buen humor: Cuando las cosas no salgan como tú querías (un retraso, un cambio de planes, un pequeño olvido), en lugar de irritarte o buscar culpables, sonríe interiormente y dile al Señor: "Gracias, Padre, porque con tu ayuda conseguiré ganar esta batalla. Tú eres mi fuerza."
  • No buscar la justificación: Si alguien te hace una pequeña observación o corrección en el trabajo o en casa, aunque pienses que tienes parte de razón, calla con paz, acéptalo con naturalidad y agradece el comentario sin ponerte a la defensiva ni dar explicaciones largas para salvar tu prestigio.
  • Elogiar sinceramente a un rival o compañero: Busca la oportunidad de alabar en público y de corazón una buena acción o una virtud de aquella persona con la que más te cuesta conectar o con la que tiendes a competir. Hazlo desinteresadamente, alegrándote de verdad de sus capacidades.

Objetivo: Descubrir que la libertad de espíritu y el verdadero buen humor nacen cuando dejamos de estar pendientes de nosotros mismos y nos abandonamos gozosos en las manos de Dios.